Todo lo que debes saber sobre las mascarillas faciales
Hay momentos en la vida en los que la piel se desequilibra o, sencillamente, necesita mejorar en algún aspecto en concreto. Tirantez, sequedad, rojeces, deshidratación… son muchas las causas por las que, cada cierto tiempo, es recomendable usar una mascarilla facial.
Beneficios de las mascarillas
Este producto de cosmética facial, normalmente de textura pastosa o cremosa, tiene el objetivo de mejorar el estado de la piel con un efecto intensivo: hidratar, limpiar, calmar, iluminar o reafirmar. Sus componentes son muy variados, desde extractos vegetales hasta arcillas, miel o activos exfoliantes.
La mejor mascarilla facial es la que aporta a tu piel lo que necesita en ese momento. Se deja actuar unos minutos formando una capa o máscara (de ahí su nombre) para que pueda realizar su efecto limpiador o reparador, y después se retira.
¿Qué tipos de mascarillas faciales existen?
De arcillas. Se adaptan a cada problema cutáneo; las más utilizadas son la arcilla roja, la bentonita y el caolín. Se dejan entre 10 y 15 minutos, sin que lleguen a secarse del todo.
Exfoliantes. Eliminan células muertas e impurezas. Las más suaves usan PHA o enzimas en lugar de gránulos, y en unos 10 minutos están listas para retirar.
Hidratantes. Combinan humectantes como la glicerina o el ácido hialurónico con aceites, proteínas y antioxidantes. Reducen la pérdida de agua y devuelven luminosidad y elasticidad.
Naturales. La miel, el aloe vera, la avena o el aguacate también funcionan bien en la piel. Eso sí, evita el limón y otros cítricos: pueden irritar y, con el sol, favorecer las manchas.