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Artículo: Sol, sal y cloro: cómo proteger el pelo cuando llega el buen tiempo

Sol, sal y cloro: cómo proteger el pelo cuando llega el buen tiempo

Sol, sal y cloro: cómo proteger el pelo cuando llega el buen tiempo

Hay una melena antes de las vacaciones y otra después, y casi nunca es la misma. Vuelve más clara en las puntas, áspera al tacto, con un encrespamiento que no estaba y unos nudos que el peine no termina de deshacer. Lo curioso es que solemos pensar en el pelo cuando el daño ya está hecho, en septiembre, delante del espejo de la peluquería, cuando la piel la llevamos protegida desde el primer día de playa.

La buena noticia es que proteger el pelo del sol, la sal y el cloro no exige una rutina nueva ni una estantería llena. Exige entender qué le pasa a la fibra y hacer unos cuantos gestos a tiempo, ya sea en una semana de playa, en una temporada de piscina o en una escapada de primavera a la montaña.

¿Qué le hace el sol al pelo?

El pelo es una fibra de queratina recubierta por una cutícula, una capa de escamas superpuestas con una película lipídica que le da brillo y suavidad. La radiación ultravioleta oxida esa queratina y rompe parte de los enlaces que le dan resistencia; a la vez degrada la melanina, que es el pigmento natural, y los pigmentos del tinte. Por eso el pelo se aclara, el color se apaga y la fibra se vuelve más porosa, más áspera y más frágil.

A diferencia de la piel, el pelo no se regenera: es tejido muerto, y lo que se estropea en la longitud no se repara, solo se puede suavizar, sellar o cortar. Los cabellos claros, canosos, decolorados o con mechas son los más vulnerables, porque tienen menos melanina para absorber parte de la radiación y porque la decoloración ya ha abierto la cutícula. Y no hay que olvidar el cuero cabelludo, sobre todo la raya, que se quema con la misma facilidad que la nariz.

¿Y la sal y el cloro?

El agua de mar en sí no es el problema, sino lo que deja. Cuando el pelo se seca al sol, la sal se queda en la superficie en forma de cristales que absorben la humedad de la fibra y levantan la cutícula. Si a eso le sumas el viento, la arena y el roce de la toalla, tienes la receta perfecta para los nudos y las puntas abiertas.

El cloro de la piscina es un oxidante, y lo que hace es arrastrar la película lipídica que protege la cutícula, de modo que el pelo pierde suavidad y se seca con más facilidad. En cabellos rubios o canosos, además, el cobre disuelto en el agua de algunas piscinas puede dejar ese reflejo verdoso tan temido. En los dos casos, el pelo que más sufre es el que entra seco y poroso, porque absorbe el agua como una esponja.

Cómo proteger el pelo del sol, la sal y el cloro

Lo primero, y lo más eficaz, no viene en un frasco: un sombrero o una gorra protegen la longitud y el cuero cabelludo mejor que cualquier producto, y un recogido flojo, como una trenza o un moño bajo, reduce el roce y los enredos con el viento. Si no llevas nada en la cabeza, un poco de tu protector solar en la raya evita la quemadura más incómoda del verano.

Conviene saber que no existe un método estandarizado para medir un SPF en el pelo, así que los productos capilares «con filtro UV» no se pueden comparar con un protector solar, y los aceites vegetales no actúan como filtro, por mucho que algunos se anuncien así. Lo que sí funciona es reducir cuánta agua salada o clorada absorbe la fibra: mojarte el pelo con agua dulce antes de entrar en el mar o en la piscina, y si quieres, aplicar un poco de acondicionador en medios y puntas. Un pelo ya empapado y con una capa que lo suaviza absorbe menos de lo que viene después. Y al salir, un aclarado con agua dulce en la ducha de la playa, aunque no te laves, evita que la sal y el cloro se queden secándose al sol.

¿Qué champú conviene en esta época?

Cuando el pelo se moja varias veces al día, la tentación es lavarlo a diario con lo primero que pillas, y ahí empieza buena parte de la sequedad. Lo ideal es un champú sin sulfatos, que limpie la sal, el cloro y el protector solar sin arrastrar lo poco que queda de grasa natural. El Signature Shampoo de Luãre limpia con tensioactivos suaves derivados de la glucosa y de aminoácidos, y lleva péptidos de guisante, proteína de arroz hidrolizada, ácido hialurónico, açaí y un derivado del aceite de mongongo. Es suave con el cuero cabelludo y deja el pelo ligero, que es lo que pide cuando se lava a menudo. Después, un acondicionador siempre, aunque solo sea en las puntas.

¿Mascarilla sí o no?

Sí, pero no a diario. Una vez por semana es suficiente para la mayoría de melenas, y dos si el pelo está decolorado, muy rizado o vuelve áspero de la piscina. La Repair Mask de Innersense está pensada para el pelo castigado: lleva proteína de moringa hidrolizada, que se deposita sobre la fibra dañada, manteca de karité, aceites de sésamo, chía y tamanu, pantenol y un derivado de la vitamina C. Si tu pelo es más bien grueso y seco, la Lime Caviar Intense Nourishment Hair Mask de Antipodes es más rica, con karité, argán, oleosomas de cártamo y miel de manuka. Y si lo que más echas de menos es el brillo, la Glossing Hair Masque de Ranavat combina proteínas de trigo y arroz con aceites de sésamo y moringa, amla y ácido hialurónico; ten en cuenta que lleva trigo si evitas el gluten.

Un truco que funciona en la playa es aplicar la mascarilla en medios y puntas, recoger el pelo y dejarla puesta bajo el sombrero mientras estás a la sombra; al aclararla en la ducha, el pelo se desenreda mucho mejor.

¿Sirve un aceite capilar?

Sirve, siempre que no le pidas que haga de protector solar. Un aceite en las puntas suaviza la cutícula levantada, reduce el encrespamiento y hace que el pelo se enrede menos con el viento, y en la vuelta a casa ayuda a disimular la sequedad mientras crece el pelo nuevo. El Elixir Hair Oil de Luãre mezcla aceites de almendra, mongongo, argán, crambe, baobab y camelia con emolientes ligeros que se evaporan, sin siliconas, y por eso no deja el pelo pesado. Unas gotas en el pelo húmedo o seco, solo de medios a puntas, son suficientes.

¿Y cuando vuelves?

Cuando acaba la temporada de sol, el pelo agradece volver a lo básico: lavados suaves, acondicionador, la mascarilla de vez en cuando, menos plancha y secador durante unas semanas, y un corte de puntas para quitar lo que ya no tiene arreglo. No hace falta llorar en la peluquería si las puntas que se van son pocas.

Al final, la diferencia entre las dos melenas, la de antes y la de después, se juega en gestos pequeños que caben en la bolsa de playa. La próxima vez que la prepares, fíjate en cuánto sitio le has dejado a la crema solar y cuánto a tu pelo.

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