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Artículo: Perimenopausia y piel: qué cambia, qué ayuda y qué no puede hacer una crema.

Perimenopausia y piel: qué cambia, qué ayuda y qué no puede hacer una crema.

Perimenopausia y piel: qué cambia, qué ayuda y qué no puede hacer una crema.

Un día la crema de siempre deja de ser suficiente. La piel tira al salir de la ducha, el maquillaje se cuartea a media mañana, aparecen rojeces que antes no estaban y, de propina, algún grano en la barbilla que parecía cosa de los quince años. Muchas mujeres pasan por esto a partir de los cuarenta y pocos sin que nadie les haya explicado que tiene nombre: perimenopausia, los años de transición en los que las hormonas empiezan a cambiar, a veces bastante antes de que la regla desaparezca.

No es un problema que haya que arreglar, pero sí un cambio que conviene entender, porque la piel deja de responder igual y lo que funcionaba a los treinta y cinco puede quedarse corto o, directamente, sobrar.

¿Qué le pasa a la piel en la perimenopausia?

La piel tiene receptores de estrógenos, y estas hormonas participan en muchas de sus funciones: estimulan la producción de colágeno, ayudan a mantener el grosor de la dermis, favorecen la retención de agua y contribuyen a fabricar los lípidos de la barrera. Cuando empiezan a fluctuar y después a bajar, todo eso se nota. La pérdida de colágeno se acelera en los primeros años tras la menopausia (los trabajos que se citan siempre hablan de alrededor de un 30% en los cinco primeros años, aunque son estudios antiguos y con pocas mujeres), la piel se vuelve más fina y menos elástica, y las heridas tardan más en cerrar.

La barrera también se debilita. Hay menos sebo y menos lípidos entre las células, la piel pierde agua con más facilidad y empieza a protestar ante productos que antes toleraba sin problema. Los sofocos pueden acentuar las rojeces, y como los estrógenos bajan mientras los andrógenos se mantienen más estables, algunas mujeres notan brotes en la zona de la mandíbula o algún vello más grueso. La sequedad, además, no se queda en la cara: brazos, piernas y espinillas pican más, y la vulva y la mucosa vaginal también pierden hidratación y elasticidad, algo de lo que se habla poco y que afecta a muchísimas mujeres.

Qué ayuda de verdad en la cara

Lo primero es reforzar la barrera. Una piel que pierde lípidos necesita que se los devuelvan, y aquí las ceramidas, el colesterol, los ácidos grasos y los aceites vegetales bien elegidos hacen más que cualquier promesa de efecto lifting. Mimétique Skin Restore+ es un buen ejemplo de esa lógica: lleva varias ceramidas, colesterol, manteca de karité, escualano y ácido hialurónico, y no lleva perfume, lo que la hace especialmente útil si la piel se ha vuelto reactiva en estos años.

Si prefieres una crema pensada desde el principio para esta etapa, Antipodes Jasmine Flower Menopause Facial Cream está formulada con esa idea, con manteca de karité, aceites de almendra y aguacate, avena, betaína, ácido hialurónico y bisabolol, en una textura más fresca y sedosa. Un apunte honesto: lleva perfume a base de aceites esenciales, como bergamota y pachulí, así que si tu piel está muy sensible, empieza por la de Mimétique; si te gusta su olor y la toleras bien, es una crema muy agradable de usar a diario.

Lo segundo es estimular la renovación. Los retinoides (retinol, retinal y, con receta, tretinoína) son los activos con más evidencia para mejorar la textura, las líneas finas y la firmeza, aunque en una piel más fina y sensible conviene introducirlos despacio, dos o tres noches por semana, y siempre sobre una barrera que esté en buen estado. El bakuchiol es una alternativa de origen vegetal que suele tolerarse mejor; sus estudios son prometedores pero pequeños, y no es un sustituto exacto del retinol, como explicamos en bakuchiol o retinol: cuál elegir.

Y lo tercero, lo menos glamuroso y lo más eficaz: el protector solar todos los días. La radiación ultravioleta degrada el colágeno que ya se está perdiendo por la caída hormonal y es la principal responsable de las manchas, que en esta etapa tienden a hacerse más visibles. Si quieres afinar la elección, lo tienes en cómo elegir bien el protector solar facial.

Menopausia y piel seca en el cuerpo: cuidados que sí notan

La piel del cuerpo suele ser la gran olvidada, y es la que antes avisa con picor y descamación. Ayudan cosas sencillas: duchas más cortas y menos calientes, limpiadores suaves sin sulfatos y aplicar un aceite o una crema con la piel todavía húmeda, que es cuando mejor retiene el agua. Sitre Body Melt es un aceite de macadamia, jojoba, argán y cáñamo, sin perfume, que la marca plantea precisamente para la sequedad de la peri y la menopausia: sirve para el cuerpo después de la ducha y también para cuidar la vulva por fuera. Al ser una base oleosa, ten en cuenta que no es compatible con los preservativos de látex.

La sequedad vaginal merece capítulo aparte, porque es muy frecuente y se normaliza demasiado. Conviene distinguir dos tipos de producto: los hidratantes vaginales, que se usan de forma regular varias veces por semana, y los lubricantes, que se usan en el momento de las relaciones para reducir la fricción. Sitre Soft Wave pertenece a este segundo grupo: un gel de base agua, sin glicerina y sin perfume, con aloe vera, inulina y ácido láctico. Ninguno de los dos trata la causa, así que si hay escozor, dolor en las relaciones, infecciones de orina repetidas o molestias que no mejoran, vale la pena consultarlo en ginecología, porque existen tratamientos locales eficaces y bien estudiados.

Lo que una crema no puede hacer

La cosmética puede mejorar mucho cómo se siente y cómo se ve la piel, pero no puede devolver los estrógenos ni frenar los cambios internos de esta etapa. Ningún cosmético regula las hormonas, y si alguno lo insinúa, mejor desconfiar. La terapia hormonal es una opción que muchas mujeres valoran con su médico por los sofocos, el sueño, la salud ósea o la sequedad vaginal, y algunos estudios apuntan a que también mejora el grosor y la hidratación de la piel; no se receta por eso, pero es un efecto que se suma. Tomarla o no es una decisión personal y médica, y ninguna de las dos opciones convierte a la otra en un error.

Lo que sí está en tu mano es elegir menos productos y mejor pensados para la piel que tienes ahora, que no es peor que la de antes, pero sí distinta. Y aquí va una pregunta para esta noche, delante del espejo del baño: ¿cuántos de los botes que tienes ahí los compraste para la piel de hace diez años?

Si tienes dudas sobre cómo adaptar tu rutina a esta etapa, escríbenos o ven a vernos a Reus. Si te suscribes a nuestra newsletter (abajo del todo), tienes un 10 % en tu primer pedido.

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